Escobar, la gran alianza de los medios

Por muy “ambiciosa” que sea, la serie de Pablo Escobar no es la noticia grandilocuente que los medios se inventaron. Por muy “titánica” que sea, la telenovela del capo no da para portada de El Espectador, tema del día en La W, artículos en Cromos, cubrimiento especial en Caracol radio, portada de Semana, reiteradas notas en Caracol noticias y portada de Jet-Set, entre otras. Por muy extraordinaria, entretenida, histórica o exitosa que sea, la producción de una novela no da para semejante despliegue mediático.

Y no lo digo porque haya una violencia y una economía y una corrupción que cubrir. Ni porque los medios solo publican banalidades. Sino porque esa redundante insistencia por vender un producto a manera de noticia me hizo, una vez más, sospechar de los periodistas de esta patria.

Los medios colombianos son como los capuletos y los montescos: inmensas familias regidas por la cultura de que los amigos de mis amigos son mis amigos y los amigos de mis enemigos son mis enemigos. A veces es una complicidad implícita; a veces, explícita. Sí, los dueños de El Espectador son los mismos de Caracol televisión y primos hermanos de los de Caracol radio. Pero no es solo eso: hace tres o cuatro años los grandes medios decidieron aliarse en vez de competir entre ellos. Y es por eso que todos, más o menos, dicen lo mismo: todos son uribistas en un momento y, de repente, todos son santistas. Una consecuencia de la ya familiar “gran alianza de medios” es el unanimismo: una complicidad paradójicamente muy parecida al actuar de las mafias que reduce el espacio para la pluralidad de voces.

El Espectador y Caracol; La W y El Tiempo; Semana y RCN: el mercado de los grandes medios en Colombia –propiedad de los tres mismos dueños del mercado financiero y cervecero y no sé qué más– está cada vez más arraigado a los grandes, que no hacen más sino crecer. Son ellos quienes hacen nuevas alianzas; ellos quienes compran los medios independientes; ellos quienes innovan en internet.

Y no es un problema del capitalismo. Se supone, por el contrario, que el libre mercado diversifica la oferta e incrementa el número de opciones. Pero esto es capitalismo a la colombiana, donde crear un tercer canal es una interminable odisea.

El duopolio de RCN y Caracol hace que el cubrimiento de ciertos temas se estigmatice según la propiedad de los derechos de una producción. Tanto así que cuando es necesario cubrir ciertos temas que son exclusivos de la competencia se recurre a trucos para esconder el crédito del otro, como darlo a medias o tapar el logo en las imágenes. Como la producción de la novela de Escobar era de Caracol y El Espectador, ni El Tiempo ni RCN le dieron semejante despliegue. Y pasa igual con el fútbol y el reinado, donde la relevancia de la noticia se determina según quien tenga los derechos de transmisión. Ninguno es la excepción: la noticiación que hoy hizo la Casa Santo Domingo con “Escobar, el patrón de mal” mañana la va a hacer la Casa Ardila con “Protagonistas de Nuestra Tele”.

Estamos, pues, jugando Risk y el mapa se parece al de Europa justo antes de la Primera Guerra Mundial: tres o cuatro imperios pelean entre sí. Su cometido, acabar al otro. Si no se destruyen entre ellos, se compran. El problema de esta concentración de la información en dos o tres grandes bloques es que en el futuro no habrá espacio para los proyectos diferentes: el que diga algo que no le gusta a ningún emperador será excluido del régimen del bien.

Por eso sospecho que la novela nos está mostrando una historia acomodada. Esa escena del primer capítulo en la que Escobar está vendiendo cigarrillos contrabandeados y el único cliente que se rehúsa a comprárselos está leyendo El Espectador solo me hace dudar de que la serie es “basada en documentos periodísticos hasta ahora inéditos y testimonios reales”. “Con el que hay que acabar es con El Espectador, porque es el único periódico que está hablando mal de nosotros”, dice el capo. ¿Eso es verdad? ¿Acaso los demás medios se mantuvieron en silencio para complacer a Escobar? ¿Están usando la novela para promocionar a El Espectador? No lo sé, pero no me confío: con tanta “gran alianza” entre los medios me he vuelto un conspiracionista. Porque no sé qué hay detrás de lo que ellos llaman periodismo.

No me explico esta aliancionitis de los medios. Tal vez su origen sea la necesaria alianza que hacen para las costosas encuestas políticas.

Pero también tiene que ver con que los grandes medios decidieron responderle a la amenaza de internet a través de la convergencia, una sala de redacción inmensa donde el contenido de unos es el mismo de otros.

Puede ser que la obsesión por saturar el contenido de pauta haya creado un escenario más conveniente y apetecible para la publicidad. Fenómenos como los omnipresentes comerciales de Pacific Rubiales, por ejemplo, se dan con mayor facilidad en un escenario donde pautar acá y allá es parte del mismo negocio.

Y una explicación más puede estar en la cultura: hay acuerdos implícitos de complicidad entre los periodistas que los hacen decir y vender lo mismo. Habiendo solo tres o cuatro conglomerados, la carrera de un periodista se reduce a saltar de uno a otro. En ese proceso se crean lazos de amistad y complicidad que, mal que bien, perjudican la pluralidad.

La telenovela de Escobar puede ser buena y tal vez necesaria. Pero la manera como la han promocionado en los diferentes medios que tienen una relación explícita o implícita con Caracol televisión me ha llevado a concluir que el periodismo colombiano también podría ser motivo de una “ambiciosa” saga de mafiosos en televisión.